sábado, 25 de mayo de 2013

La Iglesia excluyente


Es lamentable la mentalidad tan atrasada de algunos colegas sacerdotes de nuestro clero. Lo más triste es que muchos de ellos son jóvenes y están a cargo de Iglesias emblemáticas de nuestra ciudad. Han convertido la Iglesia en una aduana, ni entran ni dejan entrar (Mateo 23,13), regañones y predicadores de un Dios castigador, más pendientes de las apariencias o del escote de las mujeres que de la predicación del evangelio de la misericordia (Mateo 12,7), cuelan un mosquito y se tragan un camello (Mateo 23,24), condenando al infierno más que predicando la salvación, olvidándose que Jesucristo no vino para los sanos sino para los enfermos, no para los justos sino para los pecadores (Marcos 3,17) 

Que bueno que entendieran el mensaje de la primera carta de Pedro 5,1-3: Ahora me dirijo a los presbíteros que hay entre ustedes, yo también soy presbítero y testigo de los sufrimientos de Cristo...Apacienten el rebaño de Dios, que se les ha encomendado; cuídenlo no de mala gana, sino con gusto, a la manera de Dios; no piensen en dinero, sino háganlo con entrega generosa;no actúen como si fueran dueños de los que están a su cargo, sino más bien traten de ser un modelo para su rebaño.

A menudo nos comportamos como “controladores de fe” y no como “facilitadores”, se lamentó el papa durante su misa diaria en la residencia de Santa Marta, en el Vaticano. En su homilía, transmitida por Radio Vaticano, el papa argentino citó el ejemplo de un cura que se negó a bautizar al hijo de una madre soltera.

“Esta mujer tuvo la valentía de proseguir su embarazo (…) ¿y qué es lo que encuentra? Una puerta cerrada”, lanzó el papa.“Cuando escogemos este camino, no estamos ayudando al pueblo de Dios”, dijo, añadiendo que “Jesús creó los siete sacramentos y con este tipo de actitud creamos un octavo: ¡El sacramento de la aduana pastoral!”

En septiembre 2012, Jorge Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, había criticado a los sacerdotes que se negaban a bautizar a los niños nacidos fuera del matrimonio, calificándolos de “hipócritas”. Desde su elección, el Papa Francisco ha llamado la atención por su lenguaje simple y directo, así como por su proximidad con los fieles.