viernes, 27 de diciembre de 2013

Tú también puedes ser Juan





San Juan (no confundir con San Juan Bautista), hermano de Santiago hijo de Zebedeo, era pescador como ellos. A él y a su hermano; Jesucristo les puso el apodo de "boanerges" que en arameo significa "hijos del trueno" por su forma de ser impulsiva muy distinta a las imágenes que lo representan muy delicado y casi tan femenino que el autor del Código da Vinci en una muestra de ignorancia total, en el análisis del cuadro de la Última Cena, lo confundió con María Magdalena. Se recostó en el pecho de Jesús para saber quién iba a traicionar al maestro.

Hay bastantes indicios para pensar que el Evangelio según San Juan es escrito por el apóstol del mismo nombre. Hay muchos datos de primera mano, de un testigo visual. Pero sin duda es un escrito reelaborado con el tiempo y retocado por los discípulos del apóstol. Es un evangelio muy profundo, muy espiritual, más teológico que histórico, donde no hay dudas acerca de la divinidad de Jesucristo y que se distancia en muchas ocasiones de la sencillez de los otros evangelistas. La primera y la segunda carta de Juan, salieron del mismo autor del evangelio, no así la tercera y el Apocalipsis, que si bien tienen elementos comunes parecen ser redactados por otros personajes vinculados con Juan. En el caso del Apocalipsis sería de un discípulo de Juan, obispo de la zona de la actual Turquía y desterrado a la isla de Patmos.

Juan es identificado como "el discípulo amado" en el evangelio del mismo nombre. Las malas lenguas dicen que escribiéndolo él mismo, cualquiera pone que era el discípulo amado. Pero tenía razón. Es posible que al ser el más joven de todos, Jesucristo sintiera cierta inclinación afectiva hacia él y lo demostrara públicamente. A él le entregó su madre en la cruz por ejemplo.

Pero la verdad es que todos los que hemos experimentado el amor y la ternura de Dios en nuestra vida nos sentimos "el discípulo amado" como si fuéramos hijos únicos de aquel que ama incondicionalmente y sin distinción de personas.

El cuadro es de Eugenè Burnand (1898). Representa el evangelio de hoy, San Juan 20,2-8, en el cual, el veterano Pedro, corre con el joven Juan, el discípulo amado del maestro, a ver el sepulcro del Señor ante el aviso por parte de María Magdalena de la ausencia del cuerpo de Jesucristo.