jueves, 9 de enero de 2014

No a la cultura de la muerte



"Hace falta mucha madurez espiritual para no tratar al enemigo de la misma forma en que te trata a ti" Ghandi

Entiendo la indignación que producen los asesinatos en Venezuela y también que instintivamente surjan deseos tan primitivos como el deseo de que se asesine al asesino.

Piénsenlo un poco mi querido amigo. Supongan que se legalice la pena de muerte en Venezuela. ¿Qué jueces dictarán la sentencia? ¿A quién se le aplicará?.

¿Quién decidirá quienes serán los ajusticiados? ¿El pueblo? ¿Las comunas? ¿El alto gobierno? ¿La aclamación popular?.

¿Quién asesinará a los asesinos?, ¿Los familiares de los asesinados? ¿Los linchadores populares?. ¿Los verdugos asalariados? ¿Dónde? ¿En una plaza pública delante de sus niños?.

¿Qué método decidiría usted? ¿El mismo que el homicida aplicó? Sugiera otros, déjele lugar a la inspiración que sale desde lo profundo de su odio, que lo convierte a usted en un individuo de tan obscuro y de tan baja calaña como el asesino primero.

Se dan cuenta de que los asesinos, si son los que apresaron, son incluso menores de edad a quienes ya le asesinaron el alma, muertos en vida, con una inocencia frustrada y herida. Si pongo a ese menor de edad delante de usted, sería capaz de asesinarlo.

A mi modo de ver desde el punto de vista sociológico, incluso espiritual, se trata de dos culturas, la de la vida y la de la muerte. Es irracional acabar con la cultura de la muerte matando.

No se trata de acostumbrarnos a lo malo "Cuando te acostumbras a lo malo, lo que está malo eres tú." Alberto Barradas. La impunidad no debe seguir, cada acción delictiva tiene que tener consecuencias legales y jurídicas, pero asesinar al asesino sin sembrar valores y educación en el pueblo, es como arrancar cizaña si sembrar trigo, y cuidado si arrancando la cizaña no estaremos arrancando algo de trigo que pudiera rescatarse.

Ese es el problema que nos ha llevado a la lamentable situación en que vivimos. Amigos de las soluciones rápidas, olvidamos que se pueden revertir en contra nuestra.

Coincido con el pensamiento de Daniel Arzola: "Este es el peligro de sembrar odio:cosechar muerte. El dolor es la insignia de esta tierra injusta donde lo justo es lo raro" . La prevención y la educación en los valores, desterrar el discurso violento, de odio de clases, de odio de razas, de odios políticos y el desarme, serán más efectivos que cualquier campo de exterminio para limpiar la "especie" para que queden vivos quienes ¿Los puros? ¿Los perfectos? ¿Los buenos? El que esté libre de pecados que lance la primera piedra