martes, 4 de marzo de 2014

La negación es el principal obstáculo para la paz



Las protestas callejeras y los enfrentamientos entre diversos factores políticos con fatales consecuencias en los últimos días han puesto en evidencia que en Venezuela urge la Paz social. Pero atención, la paz social, presupone unas condiciones mínimas que la hagan posible. Existe un sector cada vez más numeroso que protesta, porque cree que el de gobierno, afines y conexos, sea por ideología o por los intereses que fueren no responden eficazmente a las necesidades más urgentes de los venezolanos, más aún que su incompetencia y perversión, han socavado las bases del progreso, la economía, la justicia y de la libertad de la nación. 

Lo que vivimos se me parece tanto a ciertos casos en donde la mujer es maltratada continuamente por su pareja y de pronto ella se obstina y decide que no se lo cala más, denuncia sus agresiones y empieza los trámites de separación legal. A veces llega el agresor a pedir la mediación de la iglesia, sabiendo lo que puede perder, sea por interés o por verdadero arrepentimiento y supone que uno, el cura, va a convencer a la mujer maltratada, que tiene que aguantárselo porque al fin y al cabo él es su marido (aunque sea un sádico y un maltratador) y que él es legalmente su esposo por tendencia irreversible y canónica. 

Resulta que ella, muchas veces lo ha perdonado, le ha creído, porque el tipo le ha llorado, se le ha arrodillado y hasta ha besado un crucifijo en su presencia prometiendo vida nueva delante de sus hijos. Mi recomendación es inequívocamente la misma para todos estos casos:

1- Lo ideal es la reconciliación
2- Sin rectificación no puede haber reconciliación
3- La rectificación hablada, incluso llorada o arrodillada no es suficiente
4- Es necesario un monitoreo en el tiempo, unos pasos concretos y evidentes de rectificación.

Claro, estos pasos presuponen que
1. El susodicho hombre reconoce y no niega su culpa
2. Que la mujer estaría dispuesta a una oportunidad y que confía que el marido aceptaría el monitoreo profesional (psicológico o psicoterapéutico que evaluaría el proceso). En nuestro caso, siguiendo con el símil, el macho ni siquiera reconoce la culpa y la hembra no quiere otra oportunidad. Pero sin duda si alguien pudiera cambiar algo para bien sería el hombre, pero no, decide no reconocer el problema a través de la “negación” en sus diversos matices-

NEGACIÓN Y SUS DISTINTOS MATICES:

LA NEGACIÓN: Cuando la situación familiar o de pareja, por ejemplo, en casos de alcoholismo o violencia familiar, es muy dura, puede surgir un mecanismo de defensa psicológico llamado negación. Esta evasión se expresa en términos como: aquí todo está bien; te quiero yo y tú a mí somos una familia feliz; todo está bajo control, sonrían para la foto niños. En gobiernos represivos este tipo de falsa paz se convierte en un intento propagandístico para mantener la apariencia hacia adentro y hacia afuera de que todo está bajo control. 

MINIMIZACIÓN: Un matiz de la negación es la minimización del problema, que se expresa en frases como “pobrecito, tan malo no es” (frase expresada por la mujer codependiente) “sí, hay un problema pero es pequeño”. En gobiernos censuradores se expresaría así: Ellos son un grupito nada más.

PROYECCIÓN: Otro matiz de la negación es culpar a otro o a otros de los propios errores. Si, aquí hay errores pero nunca como los de ella, o el de los otros. La proyección en su modalidad más extrema adquiere visos de polarización: nosotros somos los buenos, los que tienen que cambiar son los otros, “los violentos son ellos.” A lo mejor sí, un poco obstinada, la mujer un día le dio una cachetada, pero la desproporción de los contrincantes es similar a la de David y Goliat.

TRANQUILIDAD: Es otra forma de negar los problemas. También llamada tensa calma. Socialmente hablando, la tranquilidad es un intento de callar toda disidencia. Todo el que opine distinto es un enemigo al que hay que censurar, encarcelar, silenciar, torturar o asesinar. A veces se utiliza la religión como una forma de tranquilizar la conciencia. En muchos casos tras la pantomima de líderes que aparentemente representan distintos grupos religiosos pero al fin y al cabo afectos al régimen, se legitiman teológicamente los poderes terrenos, algunos incluso citan en la Biblia pasajes que justifican toda arbitrariedad de los poderosos porque todo poder “viene de lo alto” y obvian u ocultan los pasajes donde la Biblia compara a los mandatarios perversos con el propio anticristo, como en el caso del Apocalípsis. A esta justificación teológica de lo injusto le llamaba Marx con mucha razón: La religión como Opio del pueblo.

Estas variantes de la negación no sólo impiden la Paz sino que propician el enfrentamiento. La razón es muy sencilla, el problema es acallado, pero no solucionado. Es como ocultar con sedas y brocados para no verla, una llaga supurante. Pero la enfermedad sigue y el problema va socavando las bases del tejido social hasta que no alcanzan más los pañitos calientes. 

Sin justicia verdadera y rectificación evidente no puede haber paz verdadera ni reconciliación posible. Por lo tanto deduzco que este gobierno, o no entiende lo que significa la paz o no la quiere, pues con la negación de los propios errores y la satanización de la disidencia, no han hecho más que apagar el fuego con gasolina. El juego por ahora, está trancado.