jueves, 3 de abril de 2014

Otra víctima inocente

No es la primera vez que me pasa. Hará más de un año y medio que fui a visitar una tienda de artículos religiosos en la avenida 20. Admirado por la calidad de algunas imágenes religiosas, me invitaron al depósito donde pude ver una hermosa imagen de Cristo Yaciente dentro de un humilde sepulcro, tal y como estaba un Viernes Santo después del descendimiento de la cruz. Literalmente me enamoré de la pieza.

La persona de la Iglesia que me acompañaba al ver mi deseo de tenerlo en la parroquia me dijo que no tenía sentido llevarlo por varias razones. La primera es que yo siempre he creído en un Cristo vivo y resucitado. La segunda que es siempre me ha gusta tener el menor número de imágenes posibles (espiritualidad de San Juan de la Cruz) para que no nos distraigamos de lo esencial que es adorar a Dios en Espíritu y en verdad, por esta misma razón yo lo sacaría un solo día en Semana Santa.

Hace unos 4 meses visito la tienda de nuevo, con el objeto de adquirir unos regalos navideños y objetos de decoración propios del tiempo. Se me acerca la dueña de la tienda que me conoce y me dice:

"Padre, tengo un Santo Sepulcro en un depósito que quisiera regalarle a usted, por todas las bendiciones que recibimos tantos en su iglesia" 

De inmediato recordé mi deseo de haber llevado conmigo en algún momento aquel símbolo de debilidad y de grandeza al mismo tiempo, en palabras de San Pablo: "Pues ... la debilidad de Dios es más fuerte que los la fuerza de los hombres." 1 Corintios 1,25

Mientras me encontraba fuera de casa, me llama José Gregorio, obrero de la iglesia para decirme que me habían dejado el Santo Sepulcro. Como no pesa tanto, en cuanto, llegué a la Iglesia lo trasladé con él hasta la casa parroquial y ahora entiendo todo...

Amo al Cristo vivo, pero sé y entiendo que en estos días no hay imagen que refleje mejor la realidad de dolor, violencia, tortura y asesinatos que vivimos en el país que este Cristo yaciente. Víctima inocente; un joven que rondaba los 33 años, torturado hasta más no poder, truncuda su vida por manos asesinas y por la indiferencia de muchos. Al verlo, pienso en tantas víctimas inocentes, en tantas fotos que han pasado por mis ojos. Espaldas llenas de agujeros sangrantes, caras desfiguradas y amoratadas, vidas inocentes truncadas en su plenitud y recuerdo estas palabras de Cristo : «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.» Mateo 25, 40

En un cuarto de mi casa, tengo un joven yaciente torturado y asesinado, una víctima inocente que pide justicia hace 2.000 años, este mes lo velaremos, lo sacaremos en procesión cantando "Perdona a tu pueblo Señor" y pidiendo que venga pronto la resurrección de una patria que llora a sus hijos. "En Ramá se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos: es Raquel que llora a sus hijos que ya no están y no quiere que la consuelen por que han muerto". Mateo 2,18